Desde sus raíces en la Sierra Gorda hasta su consolidación como titular de la Secretaría de Salud en Querétaro, Martina Pérez Rendón ha construido una trayectoria marcada por la vocación médica, el trabajo en salud pública y una constante evolución profesional.
Originaria de Pinal de Amoles, recuerda que su camino estuvo determinado por la decisión familiar de buscar mejores oportunidades educativas.
Originaria de Pinal de Amoles, recuerda que su llegada a la capital del estado fue resultado del interés de sus padres por garantizar la formación académica de sus hijos en un contexto donde las opciones eran limitadas.
“Desde muy pequeñita mis papás decidieron venirse a Querétaro para darnos una oportunidad de formación, precisamente allá sólo había primaria en aquella época y empezaron a venirse mis hermanos a la secundaria y pues decidieron en un momento pues ya que todos nos viniéramos”, relata.
Su vocación por la medicina no fue inmediata ni heredada, sino que surgió durante su etapa en la secundaria, influenciada por un su profesor de biología, cuando estudiaba en la Secundaria Pública General No. 1.
“En la secundaria precisamente, que soy orgullosamente egresada de la General No. 1, tenía yo un maestro, el doctor Antonio Rivera, que nos daba biología y de ahí fue que surgió como esta ilusión de estudiar medicina, todavía en aquella época no había la carrera de medicina en Querétaro y afortunadamente cuando yo ya estuve en la preparatoria, que también soy egresada de la UAQ, surge la carrera de medicina en la Universidad Autónoma de Querétaro y, entonces, pues cuando yo terminó la prepa, ya hay la oportunidad de estudiar la carrera aquí y pues ahí es donde hice mi formación como médico general”.
La doctora Martina asegura que, volteando al pasado, si hoy volviera al momento en que tomó la decisión de estudiar medicina, la volvería a elegir como profesión.
Durante su formación universitaria, enfrentó la exigencia propia de una carrera compleja, especialmente en sus primeros semestres, aunque nunca dudó de su elección. Conforme avanzó en sus estudios y comenzó a vincular la teoría con la práctica clínica, su motivación se fortaleció.
“Toda la carrera es muy exigente, pero los primeros semestres en particular, los primeros tres eran pues un poquito más áridos y ya a partir del cuarto semestre que eran ya materias más teórico-prácticas, ya empezamos a ir a los hospitales, entonces, pues era ya mucho más motivador, y pues la verdad es que no, o sea, algún momento que dijera, ay no, no, esto no es lo mío, no”, asegura.
El respaldo familiar fue determinante en su trayectoria, especialmente considerando que proviene de una familia numerosa, donde el esfuerzo colectivo permitió que ella y su hermana pudieran estudiar medicina.
“Somos 11, son 9 hombres y solo somos dos mujeres y somos las últimas, algo también que yo debo estar muy agradecida es que mis hermanos mayores, pues ya trabajaban y pues ellos fueron los que nos ayudaron a financiar, por así decirlo; mi mamá también siempre fue una gente muy trabajadora, entonces, pues hubo la oportunidad de darnos este espacio”.
Tras iniciar su vida profesional en el ámbito clínico privado, su carrera tomó un giro hacia la salud pública a partir de una oportunidad de formación en el Instituto Nacional de Salud Pública, experiencia que marcó su desarrollo posterior.
“Cuando yo terminó la carrera, entro a trabajar en una clínica privada, dedicada a la cuestión neurológica y como que será mi idea, hacer neurología; pero ahí en la clínica también el doctor vio la posibilidad de que su equipo nos fuéramos formando en temas administrativos y, de ahí es que surge este interés por la salud pública. Me dio la oportunidad de irme al Instituto Nacional de Salud Pública a hacer la especialización en administración de hospitales, o sea, financiada por esta institución privada, y de ahí es que surge este interés por la salud pública”.
A partir de entonces, se integró a la Secretaría de Salud en el estado de Querétaro, donde participó en diversos programas estratégicos que le permitieron comprender la dimensión poblacional de la medicina, desde la vigilancia epidemiológica hasta el control de enfermedades y la prevención.
“Cuando yo entro a la secretaría, me toca ser responsable en un primer momento del programa de accidentes, que no tenía la visión, o sea, los programas han ido evolucionando, y todavía no tenían la visión que tienen ahora, todavía no había todas estas cuestiones tecnológicas, era arrastrar el lápiz literal, hacer sábanas de hojas, de esas milimétricas que había; asacar ahí información y hacer estadística del tema de accidentes”.
Posterior a ello se integra al programa de cáncer cervicouterino, para después ser responsable del programa de cólera, por ahí de 1994 y 1995.
“Un programa bien apasionante, te enamoras, o sea, eso es como muy padre, cuando vas llevando la responsabilidad de un programa, te enamoras de tu programa, como era la época en que había cólera, me tocaba coordinar el comité estatal de cólera, teníamos mucha relación con los organismos operadores del agua, desde CONAGUA, la CEA, JAPAM, con los municipios, porque pues un pilar fundamental en el control del cólera era precisamente el poder dotar o garantizar que el agua que llegaba a los domicilios era agua potable, y por supuesto la atención clínica, pero entonces empiezas a ver ese match entre la salud pública y estas intervenciones poblacionales”, detalla.
Con el paso de los años, fue asumiendo mayores responsabilidades dentro del sistema de salud estatal, atestiguando y contribuyendo a su evolución, particularmente en el fortalecimiento de programas y la consolidación de infraestructura médica.
Recuerda que en un momento regresa nuevamente a ser la titular del Departamento de Vigilancia Epidemiológica, desde donde atendió la pandemia de H1N1 y atender brotes de sarampión en Querétaro.
Tras nueve años al frente de este rubro, asume una nueva responsabilidad: la Dirección de Servicios de Salud. Estando al frente de este espacio es que ahora se enfrenta a la pandemia de Covid-19.
“Cuando yo entré los programas no eran lo que son ahora, sobre todo los programas especiales. El programa estrella en aquel tiempo y que sigue siendo hasta el momento, es el programa de vacunación, era el que tenía financiamiento, todos trabajábamos en conjunto y es de destacar porque eso permanece hasta ahora y mucho de lo que tenemos hoy se ha ido construyendo en ese tránsito”.
Nuevos hospitales
Tras varias décadas como parte del Sistema de Salud en Querétaro, Martina Pérez Rendón también ha podido formar parte de la transformación hospitalaria en la entidad, como la construcción del Nuevo Hospital General en la capital y otros municipios.
“Es un mundo de diferencia, el nuevo Hospital General es un hospital mucho más moderno, con equipos de vanguardia, con una complejidad de especialistas y que ha ido respondiendo a la necesidad y a la demanda. Y lo mismo ocurre cuando se hace el Hospital de Especialidades del Niño y la Mujer, que es como el primer gran hospital que tenemos. Del Hospital General sale ginecobstetricia y pediatría y se traslada al de Especialidades del Niño y la Mujer, haciendo un hospital pues con esos dos grandes temas para la atención. Ambos hospitales han ido creciendo en número de especialistas, de patologías, de especialidades o de procedimientos más puntuales que se han ido atendiendo”.
También recuerda cuando el antiguo Hospital General de San Juan del Río se inundó y se tuvo que construir un nuevo espacio para la atención regional en este municipio, lo que además lo llevó también a crecer en instalaciones y atención.
“También era un hospital bastante fuerte, pero bueno, cuando se pierde en la inundación, el nuevo surge con mayor proceso de atención, con también otros equipos que no había. Ahorita, por ejemplo, tomógrafos hay en todos los hospitales, en los cinco hospitales tenemos tomógrafos, cosas que no había antes, ultrasonidos. Esta buena comunicación y referencia de nuestros hospitales más generales son el de Cadereyta y el de Jalpan, donde básicamente están las especialidades troncales: pediatría, ginecobstetricia, medicina interna y cirugía. Son las cuatro especialidades troncales, que con ellas pues nos permite resolver una gran cantidad o la mayor cantidad de demanda y ya lo que requiere una mayor especialización, pues es referido al general de Querétaro o al del Niño y la Mujer”.
Pérez Rendón destaca que Querétaro ha mantenido una buena comunicación y relación con las instancias de federales desde hace décadas, relación que se mantiene hasta la fecha.
Aunque su desarrollo profesional se ha centrado en la administración y la salud pública, subraya que su formación médica sigue presente en su ejercicio diario.
“Sí, ciertamente mi desempeño ha sido más en el tema administrativo, pero no te desligas, se te presentan casos y algo tienes que revisar (…) ya cuando tengo contacto con esta parte administrativa y que tiene mucho que ver con salud pública, pues te enamoras”, reconoce.
Martina Pérez Rendón encabeza hoy la política de salud en Querétaro con una visión construida desde la vocación, la disciplina y el conocimiento del sistema desde sus bases.

